Carlota actuó de forma extraña desde que se conoció el asesinato de sus padres. Cuando tres familiares acudieron a su vivienda en Zaragoza a darle la noticia, el domingo 9 de agosto, ofreció unas explicaciones confusas sobre por qué no había ido a la comida del día anterior, en la que se supone que iba a coincidir con ellos. Además, llevaba gafas de sol cuando no eran necesarias y se le notaban heridas y golpes en la cara y un brazo. Uno de esos familiares le recomendó ir a urgencias y eso hizo. Al día siguiente, fue detenida junto a su pareja, Luis Carlos Rivera, por su presunta participación en el homicidio de Javier Sánchez, de 67 años, y Esther Latorre, de 66, un caso que ha supuesto un terremoto entre quienes los conocieron y también en el mundo sindical, agrario, político y activista del que formaban parte. La salud mental de Carlota será clave a la hora de dirimir su responsabilidad en el crimen.
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