El dueño de Real Estambul, un longevo establecimiento del barrio madrileño de Tetuán, sonríe al responder por qué en doce años apenas ha tocado el precio del kebab. “En esta calle, Bravo Murillo, el kebab se vende a 3,50 euros”, dice. El local no es suyo y el alquiler sí le ha subido, igual que ha sucedido con las materias primas, los costes laborales y los energéticos. Y sin embargo su kebab ahí sigue, como si no hubiera pasado el tiempo.

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