El juicio en directo de Clancy se ha convertido en una farsa para aficionados a empujar las teorías de conspiración viral que amenazan con socavar los esfuerzos para destigmatizar la enfermedad, dicen los expertos

Meghan Cliffel estaba montando en el metro en Nueva York en diciembre de 2015 cuando se convenció de que toda la ciudad pertenecía a un culto que estaba conspirando para matarla a ella y a sus dos hijas. Cuando regresó a su apartamento de Manhattan, creía que las cabezas de la televisión le hablaban directamente, la amenazaban, y que el refrigerador estaba emitiendo gas venenoso. Su marido, temía, también era parte del culto.

“Lo golpeo en la cara tratando de llegar a los niños”, recordó Cliffel, “entonces estoy tratando de llegar al techo de nuestro edificio porque creo que si me levanto allí y mostraré que estoy dispuesto a saltar, que eso mostrará mi lealtad al culto y espero que detenga todo esto.”

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