Hace apenas unas semanas, Gianni Infantino sufrió la mayor crisis política desde que llegó a la presidencia de la FIFA. Su proyecto para privatizar parte de los derechos comerciales del Mundial provocó una rebelión inédita de la UEFA, la Confederación Asiática y la de Norteamérica, Centroamérica y el Caribe (Concacaf), que exigieron una investigación independiente. Cuando parecía que el dirigente suizo afrontaba su momento más delicado, apareció un aliado decisivo: África. ¿Por qué decisivo? Porque el centro del poder de la FIFA se ha desplazado.

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