Acompañar la adolescencia con serenidad y empatía se convierte, para la mayoría de las familias, en un desafío cotidiano. Las jornadas transcurren entre negociaciones interminables, límites que se ponen a prueba y un ejercicio de paciencia que a menudo resulta extenuante. Sostener emocionalmente a un adolescente es una labor compleja y profundamente exigente, que requiere grandes dosis de paciencia, presencia consciente y una calma capaz de resistir cualquier tormenta.

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