El gobierno chino anunció nuevas regulaciones fronterizas a finales de julio en un movimiento considerado como el control estatal en expansión sobre sus ciudadanos. Las nuevas normas, que entraron en vigor el 15 de septiembre, refuerzan los controles de los viajeros y proporcionan nuevos motivos para restringir que los ciudadanos chinos abandonen el país, incluidas las prohibiciones de salida de hasta tres años en algunos casos.