Cinco años después de que los talibanes regresaran al poder, las mujeres afganas enfrentan restricciones radicales a la educación, el trabajo, el movimiento y la vida pública, y la ONU describió a Afganistán como el peor país del mundo para los derechos de las mujeres. A medida que disminuye la financiación internacional de la ayuda, las Naciones Unidas están instando a los donantes a que no abandonen los programas de apoyo a las mujeres afganas, advirtiendo que muchas organizaciones podrían verse obligadas a cerrar.