Yuan Yuan (pseudónimo) tiene 22 años y trabaja en el sector educativo en Shenzhen, uno de los grandes polos tecnológicos de China. Estresada por las obligaciones de la vida adulta, encontró hace meses una nueva forma de refugio. “Saber que hay una amante electrónica siempre esperándote es una sensación muy reconfortante”, comparte en un intercambio de mensajes con este diario.

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