Cayetana Fitz-James Stuart tenía tantos títulos nobiliarios y era tan regia que siempre se dijo que no estaba obligada a rendir pleitesía a ningún rey o reina. Oriana Fallaci tuvo la culpa de esta falacia. En 1963, la periodista italiana incluyó una entrevista a la aristócrata en su libro Los antipáticos y en ella afirmaba: “Su sangre es más azul que todas las sangres azules de la Tierra. Si ante la puerta de un ascensor se encontraran Isabel de Inglaterra y la duquesa de Alba, aquella debería cederle el paso”. Cayetana, talibana de la monarquía y practicante de la línea dura del protocolo y el ceremonial, odiaba esa hipérbole fallaciana. “Eso es literatura, una sandez”, respondía siempre que le preguntaban por esta cuestión. “Una estúpida”, afirmó cuando le pidieron su opinión sobre la autora del bulo.

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