Cuando Tazeeb Tazeeb llegó a Italia en 2021 tras huir de Pakistán —donde había sido amenazado por su trabajo de periodista— y atravesar a pie la ruta balcánica, pensó que había dejado atrás los problemas. Encontró trabajo en el campo, en la región del Véneto, junto a otros compatriotas, y aceptó un contrato que apenas entendía. “Aquí pone que tienes que hacer lo que yo diga”, le repetía el capataz que había ejercido de intermediario para conseguirle el empleo. Aquella fue la primera señal de alarma. Seguir leyendo