En medio del barullo del mercado municipal de la isla de Sal, en el turístico Cabo Verde, Jessica Sousa, de 21 años, habla sobre sus sueños mientras asiste a una clase de hostelería. Tiene una hija de dos años y le gustaría poder quedarse en su país y labrarse una carrera vinculada a la restauración. Al otro lado de la ventana, otros compañeros se asoman mientras concluyen sus prácticas de la TUI Academy. Esta escuela trabaja con jóvenes procedentes de comunidades vulnerables de Cabo Verde y de otros países de África occidental para facilitar su incorporación al sector turístico, una de las pocas industrias capaces de absorber mano de obra en las islas.
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