Bajando la cuesta de la salida de la AP-7 y justo antes de la rotonda, siete gigantes dan la bienvenida al pueblo. Si no fuera por lo que pica el sol y por las palmeras que se mecen con el viento, pensaría que estoy en, no sé, Sussex, o Essex, pero estoy en un pueblo del mar Menor y lo primero que veo al salir de la autopista son varios carteles con letras enormes en inglés que me prometen una vida fácil y la infinita posibilidad de enriquecerme.

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