El vino está asociado con la alegría de vivir. Menos veces, con el drama. En poco tiempo, tres viticultores de Burdeos se han suicidado. El 31 de diciembre, el bodeguero Guillaume Petregne se quitó la vida en Bouscat, un suburbio al norte de Burdeos, poco después de marcharse de sus viñas, Château Guillaume, en la comuna de Saint-Yzans-de-Médoc. Había concedido una entrevista a la emisora France Info: “Me dije: no puedes seguir así”, explicó. “Tienes que parar antes de que el banco venga y te embargue la casa, los muebles, y te encuentres viviendo como un indigente bajo un puente”. Mucha de esta desesperación procede seguro de ver vinos de Burdeos o del sur del Ródano a dos euros la botella en algunos supermercados.

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