Creo que la frase que más he leído este año, casi a diario, es: “Trump dice ahora que…”, y sigue lo contrario de lo que dijo el día anterior. En cambio, ya sabrán que las dos palabras que uno más ansía oír cuando es joven son “te quiero”, y ya más mayor, “es benigno”, pero este verano yo añadiría otras dos: “frente frío”. Sueño con oír algo así en las noticias: “Mañana entra un frente frío polar que causará una brusca caída de las temperaturas. Será necesaria mantita por la noche”. Pero hace tiempo que sueño con otro mensaje, que voy a lanzar antes de irme de vacaciones. Es para aquellos conductores con un cochazo de esos enormes y caros, casi siempre oscuros, de las mismas tres o cuatro marcas extranjeras, humanos de alta gama que van lanzados por el carril rápido a mil por hora, y me encuentran a mí adelantando dentro del límite de velocidad consentido: pues bien, que sepan que este verano no solo no me voy a apartar, por mucho que me den cien veces las luces largas y se me peguen a tres milímetros, sino que además iré aminorando la velocidad adrede, para ponerles nerviosos, y si insisten llegaré a detenerme, bloquearé la autopista y comenzaré a bailar entre los coches como en La La Land. Y ojalá se unan a mí en un musical liberador todos los conductores hartos de estos energúmenos prepotentes, mientras ellos se agitan entre convulsiones dándose cabezazos contra el volante. Hala, ya lo he dicho.

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