La primera vez que se produjo un brote de ébola en Uganda, en el año 2000, Christopher Oruka perdió a uno de sus mejores amigos y él mismo estuvo a punto de morir. Una tarde, Oruka fue en bicicleta a recoger a su amigo al Hospital St. Mary’s de Lacor, en el distrito de Gulu, al norte de Uganda, donde había estado cuidando a su madre. La mujer había fallecido. Poco después, el amigo de Oruka también murió.
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