Una multitud de personas conectada a internet financia cada día promociones de viviendas y plantas solares, presta dinero a empresas, adelanta facturas o adquiere participaciones en start-ups. Con aportaciones que en algunos casos apenas superan los 100 euros, esos pequeños inversores ayudan a impulsar proyectos empresariales e iniciativas que hasta hace poco dependían casi exclusivamente de la banca o de los grandes fondos. En poco más de una década, el crowdfunding ha dejado de ser una fórmula marginal y de nicho para convertirse en una industria financiera que canaliza cientos de millones de euros hacia empresas que buscan crecer, lanzar nuevos negocios o complementar las vías tradicionales de acceso al capital.

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