Durante décadas, el gran deporte nacional de los ricos -no la mayoría- en la Argentina fue la fuga de capitales y el exilio fiscal. Pero la era de Javier Milei llegó para refundar el paradigma: ahora el Gobierno libertario no quiere que los millonarios se vayan, sino que vengan a “salvarnos las papas” (o, más bien, los vencimientos del Tesoro).

El pasado viernes 2 de octubre, la administración libertaria anunció con bombos y platillos un novedoso esquema de “ciudadanía por inversión”. Traducción: si te sobran un par de billetes verdes, te empaquetamos el DNI argentino con moñito.

Según el Financial Times, la tarifa para ser un “ilustre patriota” es bastante módica: una “donación” no reembolsable de 500.000 dólares o un millón, de dólares, en bonos cupón cero.

Y es que la urgencia apura: en 2027 vencen unos 22.000 millones en moneda extranjera y el Presidente necesita dólares como sea antes de ir por la reelección. ¿Y qué mejor manera de refinanciar la deuda?

INTERÉS DE LOS TECNOS MILLONARIOS

Según reveló el ministro Luis Caputo, la brillante idea nació en julio de 2024 en la idílica cumbre de millonarios de Sun Valley, Idaho. Allí, magnates de la tecnología se le acercaron apasionados a Milei no para preguntarle por la inflación o la pobreza, sino por el trámite para conseguir el pasaporte del sol radiante.

El “conejillo de indias” de esta utopía fue Peter Thiel.

El cofundador de Palantir, parece que cansado de sufrir el “infierno estatal” estadounidense, armó las valijas en abril, desembarcó en Buenos Aires, se compró una modesta mansión en un barrio donde el metro cuadrado cotiza en lingotes y posó sonriente para la foto con la cúpula del Gobierno.

Para la revista Fortune, lo de Thiel no es locura individual, sino tendencia: el 61% de los ricos estadounidenses encuestados por el asesor Nuri Katz está buscando desesperadamente un “plan B” fuera del país.

El propio Katz evaluó seriamente instalarse en Buenos Aires para vivir el sueño anarcocapitalista del presidente argentino, aunque al final terminó eligiendo Koh Samui, en Tailandia. Un pequeño e incómodo detalle: la Argentina entró al ranking de las grandes fortunas, pero ni pagando nos eligen como primera opción.

¿LUJO O REFUGIO?

¿Es Argentina un lujo o un refugio? Las crónicas internacionales sospechan que es lo segundo: un paracaídas de emergencia por si en Estados Unidos les suben los impuestos o estalla una revolución popular. Aunque Katz aportó en Forbes un matiz poético: el pasaporte argentino será como la tarjeta Amex Black. Algo que comprás por seguridad, pero también para presumir en las fiestas: “Mirá, me compré un país con descuento”.

La afinidad ideológica cierra el negocio perfecto. Entre Elon Musk, Thiel y Milei hay un amor a primera vista basado en el odio compartido por el Estado.

Así se dibuja la Argentina de 2026: un país que remata la ciudadanía para rascar dólares del fondo de la olla y pretende convencer al mundo de que es la nueva Mónaco del Cono Sur.

Si Thiel es el primero de una larga lista de libertarios adinerados o simplemente un turista extravagante que se compró una casa cara, el tiempo —y la liquidez del Banco Central— lo dirá.