Los videojuegos online y las comunidades que se forman alrededor de ellos pueden ser aprovechados por grupos extremistas para acercarse a adolescentes, establecer vínculos de confianza y avanzar posteriormente en procesos de radicalización. Así lo advierte una nueva guía elaborada por el Ministerio Público Fiscal para orientar a fiscales, jueces y fuerzas de seguridad ante posibles amenazas terroristas.
El documento pone especialmente la mirada sobre los juegos multijugador, entre ellos Roblox y Minecraft, así como sobre los chats de voz, servidores privados y canales de streaming. La advertencia no apunta contra esas plataformas en sí mismas, sino sobre el uso que organizaciones o individuos pueden hacer de los espacios de interacción que ofrecen.
Según el informe, el acercamiento puede comenzar de manera aparentemente inofensiva, con conversaciones vinculadas a las partidas y otros intereses compartidos. A medida que se genera confianza, pueden aparecer contenidos políticos, ideológicos o identitarios y, posteriormente, el contacto puede trasladarse hacia espacios más cerrados, como Discord, Telegram o foros privados.
La Guía para la investigación de incidentes terroristas previos a un ataque fue realizada por la Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT), conducida por Juan Manuel Olima, y la Unidad Fiscal Especializada en Criminalidad Organizada (Ufeco), encabezada por el fiscal federal Santiago Marquevich. Fue publicada por la Procuración General de la Nación con la firma del procurador general interino Eduardo Casal.
La atención sobre los videojuegos responde a la posibilidad de que sean utilizados para localizar a jóvenes atravesados por situaciones de vulnerabilidad. Entre los factores que menciona la guía aparecen el aislamiento social, la frustración, la baja autoestima, la necesidad de reconocimiento y una fuerte dependencia de las relaciones construidas en internet.
El mecanismo de captación puede desarrollarse de manera gradual. Después de los primeros contactos dentro del juego, las conversaciones pueden pasar a servicios de mensajería o comunidades privadas, donde la circulación de propaganda y mensajes extremistas resulta más difícil de detectar.
El informe advierte, sin embargo, que no existe un perfil que permita identificar anticipadamente a una persona que pueda participar de un atentado. Características como la edad, el sexo, la situación económica o una determinada ideología no son suficientes para establecer un riesgo.
Por ese motivo, el análisis debe centrarse en la combinación y evolución de diferentes comportamientos.
LAS SEÑALES QUE PUEDEN ENCENDER UNA ALERTA
La guía organiza el proceso de radicalización en distintas etapas. Entre las primeras manifestaciones aparecen la adhesión a teorías conspirativas, discursos de odio, una creciente polarización y sentimientos persistentes de injusticia, humillación o traición.
El Ministerio Público distingue estas conductas de las críticas hacia gobiernos o instituciones, que forman parte del ejercicio de la libertad de expresión. La situación adquiere otra dimensión cuando comienzan a aparecer llamados a utilizar la violencia, desconocer el orden democrático o reemplazar las instituciones por mecanismos de fuerza.
En una etapa posterior pueden sumarse símbolos, consignas, números, hashtags, memes o imágenes relacionados con movimientos extremistas. También pueden registrarse un mayor consumo de propaganda, la participación en grupos radicalizados y discursos que deshumanizan a quienes son considerados adversarios.
Los investigadores detectaron en distintas causas el uso de códigos en nombres de usuario, cuentas de correo electrónico o perfiles digitales. La guía incluye por ese motivo un glosario con expresiones y referencias utilizadas por sectores vinculados al supremacismo blanco, comunidades incel y organizaciones yihadistas.
CUANDO EL DISCURSO ESCALA HACIA LA VIOLENCIA
Otro nivel de riesgo aparece cuando las expresiones dejan de ser ambiguas y se vuelven más concretas. Las referencias reiteradas a la guerra, el castigo, la eliminación de adversarios o la venganza pueden combinarse con amenazas dirigidas contra familiares, conocidos, integrantes de una comunidad o autoridades.
También pueden aparecer fotografías o videos con armas y elementos asociados con organizaciones extremistas, particularmente cuando esas imágenes están acompañadas por amenazas o mensajes violentos.
El tramo más grave se produce cuando existen indicios de preparación concreta. La guía identifica cinco señales críticas: integración a una estructura operativa, recepción de instrucciones, planificación o ensayo de ataques, publicación de despedidas o mensajes de cierre e intentos por eliminar rastros digitales o físicos.
A ellas se suma la denominada “fuga verbal”, que ocurre cuando una persona anticipa de manera parcial o indirecta sus intenciones a través de mensajes, publicaciones o conversaciones.
Según datos del Global Terrorism Index 2026 incorporados al documento, los denominados “actores solitarios” fueron responsables del 93% de los atentados terroristas fatales registrados en Occidente durante los últimos cinco años.