Hace una semana, miles de personas cruzaron a nado la frontera entre Marruecos y Ceuta, en una de las mayores llegadas irregulares registradas en la historia reciente de España. Mientras miles adultos han abandonado la ciudad o han sido devueltos, cientos de niños y adolescentes permanecen atrapados en una crisis humanitaria que desborda la capacidad de acogida. Tras días de deambular por calles, playas y montes, este jueves 6 de agosto cientos de ellos acudieron voluntariamente a dependencias policiales para pedir algo tan básico como un lugar donde dormir y la protección que la ley les reconoce.