“Nos vemos hace cuatro meses, somos exclusivos, pero no somos novios. Parece contradictorio para nuestros padres, pero para nosotros no”, resume Martina, de 20 años y de La Plata, en un testimonio recreado a partir de situaciones habituales entre jóvenes. Según explica, el acuerdo es no salir con otras personas, aunque ninguno siente todavía la necesidad de ponerle un título formal al vínculo.

“Antes de decir que estás de novio hay un montón de etapas. Primero hablás, después salís, después capaz sos exclusivo y recién después ves qué son”, plantea Tomás, de 22 años y de Berisso, también en un testimonio ilustrativo. Para él, el celular agregó otro problema: “Si tarda tres horas en contestarte pero subió una historia hace diez minutos, inevitablemente te preguntás por qué no te respondió”.

La paradoja es que la flexibilización de los vínculos no necesariamente supone un rechazo a las relaciones duraderas

“Mi última relación nunca llegó a ser un noviazgo, pero hacíamos prácticamente todo como una pareja. Cuando terminó, me dolió igual aunque técnicamente nunca había sido mi novio”, relata Camila, de 19 años y de Ensenada, en otra recreación testimonial. La experiencia refleja una de las características de los llamados “casi algo”: la ausencia de una etiqueta no necesariamente reduce el involucramiento emocional.

“Para mí ser exclusivos significa que ninguno está con otra persona, no que tenga derecho a revisarme el celular”, sostiene Agustina, de 21 años y de La Plata, en otro testimonio recreado. La distinción atraviesa buena parte de las nuevas discusiones juveniles: dónde termina un acuerdo de pareja y dónde comienza el control.

El fenómeno excede las experiencias individuales. Un estudio nacional realizado en 2026 por Reyes Filadoro y Enter Comunicación sobre 643 jóvenes de 18 a 35 años encontró que el 77% considera que actualmente las relaciones son más “descartables” que antes y el 72% sostiene que vincularse requiere demasiado esfuerzo emocional. El 57%, además, considera que las redes sociales hicieron más difíciles las relaciones entre hombres y mujeres.

La paradoja es que la flexibilización de los vínculos no necesariamente supone un rechazo a las relaciones duraderas. De acuerdo con los resultados difundidos del mismo relevamiento, el 81% manifestó que quiere formar una familia en el futuro. Cambiaron, entonces, las formas de llegar a una pareja estable más que la aspiración a construirla.

DE “ESTAR SALIENDO” A CONVERTIRSE EN EXCLUSIVOS

“Estamos hablando”, “nos estamos conociendo”, “andamos”, “estamos saliendo”, “somos exclusivos”, “somos un casi algo” o situationship conforman un vocabulario cada vez más amplio para definir relaciones que antes podían quedar comprendidas simplemente entre estar soltero y ponerse de novio.

No todas esas expresiones significan lo mismo. Una situationship describe generalmente un vínculo afectivo o sexual cuyos límites y perspectivas permanecen indefinidos. La exclusividad, en cambio, introduce al menos una regla concreta: ambas personas acuerdan concentrar el vínculo sentimental o sexual entre ellas, aunque todavía no se consideren formalmente una pareja.

Para algunos jóvenes funciona como un período intermedio: conocerse, comenzar a salir, acordar exclusividad y eventualmente convertirse en novios. El recorrido no es obligatorio ni universal, pero muestra cómo fidelidad, compromiso y etiqueta dejaron de aparecer necesariamente al mismo tiempo.

Las aplicaciones y las redes profundizaron el fenómeno. En los grupos focales del estudio de Reyes Filadoro y Enter Comunicación apareció incluso la idea de un “catálogo” de potenciales parejas. Al mismo tiempo, entre los solteros consultados, el 57% consideró difícil o muy difícil encontrar pareja y esa percepción ascendió al 65% entre las mujeres.

El celular también creó discusiones que otras generaciones prácticamente no tuvieron: cuándo corresponde abandonar una aplicación de citas, qué significa responder con intención romántica una historia, si determinados likes constituyen una falta, qué ocurre con las conversaciones con exparejas o hasta dónde llega un acuerdo de exclusividad.

“QUE TE CELEN NO ES AMOR”

Pero detrás de esas nuevas formas de relacionarse sobreviven problemas mucho más antiguos.

Analía Colombo, oficial de Protección de Derechos de UNICEF Argentina al momento de una publicación del organismo sobre noviazgos violentos, advirtió que los celos pueden convertirse en “el paso previo a un acto violento, físico, simbólico, psicológico”. La especialista remarcó así la necesidad de desmontar la antigua asociación entre celos y demostraciones de amor.

Un relevamiento online de la Defensoría del Pueblo bonaerense realizado en 2018, citado posteriormente por UNICEF Argentina, reunió respuestas de 10.990 adolescentes y jóvenes y encontró una fuerte presencia de violencia psicológica en las relaciones.

El 33% manifestó que alguna vez su pareja había criticado su apariencia o vestimenta en público o en privado. Cuatro de cada diez señalaron que habían menospreciado alguna vez sus opiniones. Entre quienes reportaron esas situaciones, las mujeres aparecían ampliamente sobrerrepresentadas.

Los números corresponden a 2018 y, por lo tanto, no describen necesariamente la situación actual. Sin embargo, funcionan como antecedente de conductas que con la expansión del teléfono inteligente encontraron nuevas herramientas: revisar WhatsApp, pedir contraseñas, exigir ubicación permanente, controlar seguidores, cuestionar “me gusta” o reclamar explicaciones porque alguien apareció conectado y no respondió inmediatamente.

Nayla Procopio, entonces asistente de programas en género y juventudes de UNFPA, cuestionó además la idea de que las nuevas generaciones estén automáticamente libres de esos comportamientos. “Las juventudes crecen bajo la crianza de un mundo adulto que no está deconstruido”, explicó en el artículo difundido por UNICEF.

Procopio destacó, sin embargo, que los propios jóvenes desarrollaron herramientas discursivas para identificar determinadas conductas. Expresiones como “es tóxico” o “red flag” comenzaron a utilizarse para señalar comportamientos que anteriormente podían naturalizarse como demostraciones de interés o amor.

EXCLUSIVIDAD NO SIGNIFICA CONTROL

La diferencia resulta especialmente relevante frente a las nuevas relaciones exclusivas. Que dos personas acuerden voluntariamente no vincularse sentimental o sexualmente con terceros no significa que una adquiera derecho a vigilar a la otra.

Un informe regional de Oxfam publicado en 2018 mostró hasta qué punto algunas conductas estaban naturalizadas entre jóvenes latinoamericanos. Seis de cada diez varones de 15 a 19 años consultados consideraban que celar era una demostración de amor, mientras que el estudio también analizó prácticas como revisar mensajes, controlar la vestimenta o exigir ubicaciones y contraseñas. Los resultados son regionales y no corresponden exclusivamente a la Argentina.

Ahí también aparece el papel de la Educación Sexual Integral. La discusión ya no se limita a anticoncepción o infecciones de transmisión sexual: consentimiento, afectividad, autonomía, respeto, violencia y cons trucción de vínculos forman parte del abordaje.

Las nuevas generaciones enfrentan así una aparente contradicción. Hay menos necesidad de poner rápidamente una etiqueta a la relación, pero más situaciones que requieren conversar explícitamente cuáles son sus reglas. Qué significa exclusividad, qué se considera infidelidad, cuánto espacio individual conserva cada integrante y cuáles son los límites de la privacidad son algunas de ellas.

Muchas parejas discuten al consensuar los términos de su relación

El noviazgo tradicional no necesariamente desapareció. Para parte de los adolescentes y jóvenes simplemente dejó de constituir el primer escalón. Antes pueden aparecer meses de conversaciones, encuentros, un “casi algo” o incluso un acuerdo de exclusividad.

En ese recorrido conviven palabras nuevas —ghosting, situationship, red flags, “casi algo” y “exclusivos”— con problemas mucho más antiguos: celos, posesividad, incertidumbre y violencia psicológica. Cambió la manera de nombrar las relaciones y cambió la tecnología con la que se viven; el desafío continúa siendo construir vínculos en los que afecto y compromiso no impliquen perder autonomía.