En agosto, Burgos cambia el perfume por la luz. Al recorrer los campos de la provincia por carreteras secundarias y caminos, el viajero aprecia una muda de color: la lavanda que en julio pinta hectáreas de morado deja paso a los girasoles, que colorean de amarillo vastas extensiones de La Bureba y algunos paisajes de la Ribera del Duero.
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