SANTIAGO DE CHILE
(Env. Esp)
MARTIN CABRERA
mcabrera@eldia.com
Nuevo capítulo copero y otra vez los hinchas de Estudiantes que dijeron presente. En San Carlos de Apoquindo, la casa de la U. Católica, los albirrojos coparon su sector y agotaron las 2 mil localidades que salieron a la venta. Un gran apoyo en terreno adverso y con la frente en alto de haber dado todo lo que estaba a su alcance. Una noche que tuvo todo lo que se vive en la Copa Libertadores.
Los hinchas tuvieron que hacer una larga previa. No todos, pero los que quisieron ajustarse al sistema de seguridad que indicaba la organización llegaron al estacionamiento Sur del estadio de la Católica casi cinco horas antes del inicio. A partir de las 15:30 (hora local) se abrieron las puertas para que los primeros hinchas llegasen a comenzar el largo proceso de reconocimiento facial y validación de las entradas. Es verdad que la mayoría fue más cerca del inicio del partido, pero algunos arrancaron con la peregrinación cuando todavía había sol y la temperatura no eran nada gélida.
Más tarde fueron llegando los demás. Algunos en taxis, otro tipo de aplicaciones, combis y unos mini buses que fueron especialmente contratados para el traslado desde Vitacura o el Centro hasta el estadio de la Católica.
Entre los presentes estaba Iván Baltanás, el presidente de la filial del Pincha en Santiago del Chile que habló del reconocimiento en vida que ellos le pudieron hacer a Don Miguel Ignomiriello ya que la única filial que lleva su nombre es la suya. “Por suerte lo vimos a él, una gloria del Club, y le agradecimos personalmente”, contó en diálogo con este medio.
Del mismo modo Sebastián Manera, hijo de Eduardo Luján y representante de José Sosa. “Acá a Chile vine como hincha, a disfrutar con mi hijo y un amigo suyo”, contó y recordó las charlas con su papá de lo que significaba la Copa Libertadores para este Club. “Son especiales por eso hay que disfrutar mientras se juegue, no es nada fácil, por suerte en los últimos años nos tocó bastante seguido”.
Juan Manuel Cancio fue otro de los 2 mil hinchas que viajaron desde La Plata y alrededores. Acompañó a su grupo hasta el shopping Costanera pero en un momento decidió que era momento de sentarse a tomar un café porque el desgaste fue tremendo. En ese tipo de “paseos” se camina demasiado “y los que estamos ya un poco mayores lo sentimos”, se rió cuando estuvo con el cronista de este medio.
Los hinchas pincharratas agotaron las dos mil entradas que tenían disponibles
Otra historia particular fue la de Pilar Sabaya, que junto a su papá y resto de la familia cruzaron la Cordillera. Lo curioso es que ella está viviendo en Estados Unidos haciendo un doctorado en química y bioquímica (replicar un hígado humano en un chip) en aquel país y se encuentra de vacaciones. “Aproveché para ver el partido de ida y el clásico”, reveló esta hincha fanática que no había podido hacer el tramite de validación porque el sistema no se lo permitía y la dirigencia albirroja ayudaba a destrabar ese problema.
La inmensa mayoría de hinchas aprovechó para recorrer los shoppings de la ciudad. Si hasta el mismísimo Juan Sebastián Verón caminó las cinco cuadras desde el hotel Intercontinental hasta el lugar para ver algo de ropa, la gran vedette de Chile. Lo acompañaron los hinchas que revolucionaron ese gigante lugar en el corazón de Vitacura. Hasta los mismos chilenos corrían para pedirle un autógrafo una vez que lo encontraron.
No se vivieron momentos tensos con los locales. Se trata de una hinchada más tranquila que la de Colo Colo y la Universidad de Chile, por ejemplo. Aquí no se produjo nada para lamentar más allá de las cargadas e insultos de un lado y otro.
El estadio Claro Arena queda enclavado en una zona residencial de Santiago. En las afueras, casi en la pre Cordillera de los Andes.
Los hinchas pudieron desplegar sus banderas en la previa, pero llegó la orden de bajarlas por pedido de la seguridad. Solo quedó la de Los Leales pero en algún momento se vieron las de “4 de agosto”, “Caballito”, “Los de siempre”, “Berisso”, “Plaza Güemes”, “ADH”, “Merlo”, “16 de octubre” y “Tolossa” entre otras. Para la hora de inicio del partido quedó una sola.
Del lado local el público llegó casi sobre el inicio del partido. Fue un caos el arribo de los colectivos pero principalmente el de Estudiantes que lo hizo sobre la chicharra de las 19 para evitar una multa de la Conmebol que puso esa hora como límite.
El campo de juego, sintético, se mojó sobre el lateral de la platea oficial en los minutos previos así que fue mucho más que rápido: la pelota volaba sobre el verde de este estadio que se reinauguró hace un año atrás.