Dicen que “a Santo André de Teixido vai de morto quen non foi de vivo”. ¿Y eso es malo? Respondamos gallegamente: depende. Si para ir allí, uno se reencarna en una babosa y se arrastra a cámara lenta por un camino abarrotado de peregrinos, corriendo el serio peligro de acabar espachurrado bajo una suela Vibram, no es bueno. En cambio, si se reencarna en una bolboreta, en una mariposa macaón o en una blanca esbelta –por citar dos especies habituales en el extremo norte de la Península–, y se va parando en cada flor a libar y copular, no está mal.
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